El hemiciclo

“Se secó el frío sudor de la frente con un pañuelo bordado con sus iniciales. Acto seguido, cogió el vaso de agua y bebió un pequeño sorbo para aclarar la garganta. Esperó a que el Presidente de la sala le diera el turno de palabra. Con ambas manos, colocó los papeles en los que tenía organizadas las principales ideas de su discurso, tiró ligeramente de la americana para llevarla a su sitio, se levantó y se dirigió desde su escaño hasta el púlpito para dirigir a todos unas palabras de aliento. Les miró serenamente y dijo…” -Mariano, son las ocho y cuarto, te has quedado dormido. Corre, vas a llegar tarde al colegio.




